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Admiradísimo don Francisco de Goya y Lucientes, o Paco, permíteme la confianza pues, al fin y al cabo, entre colegas…

Obvia decirte (se nota en tantas de mis obras…) que desde muy joven las tuyas tan magníficas me calaron hondo y fueron referente para mí. Sobrada razón esta para que, aunque reconozco que la cosa podría rayar incluso en la osadía, mostrar hoy mis grabados en tu “Casa Museo” (que si vieras como ha quedado…) me hace sentir como un niño con zapatos nuevos, o sencillamente el artista que ya va en serio.

Gracias, maestro. Y un fuerte abrazo estés donde estés, a parte de en la mente de todos, claro es.

Posdata:

¡Ah!, y que sepas, pues ya ves a que extremo el alcance del asunto, que hasta en mi tauromaquia, y aun siendo ésta cuánto más reciente, tuve en cuenta el hermoso ejemplo de la que hiciste en tus días, sin comparación más grandiosa.

Lo dicho…

Eduardo Naranjo

Marzo de 2017